Tres consejos para perdonarse a uno mismo

Cuando te niegas a perdonarte no cambias el pasado (eso no es imposible), pero paralizas tu presente y limitas tu futuro.

A lo largo de la vida vamos tomando decisiones, unas más acertadas que otras. Por el camino podemos equivocarnos, fallar, herirnos y herir a otros. No obstante, todas las experiencias forman parte del proceso y es inevitable cometer errores. Tanto el éxito como el fracaso nos enseñan y nos convierten en la persona que somos. Por ello, para avanzar es necesario perdonarse a uno mismo.

Cuando sobredimensionamos nuestros fallos, cuando no logramos integrarlos como parte de nuestra historia, la culpa puede paralizarnos. Vivir pensando en que todo pudo ser distinto, lamentando una acción que ya no puede ser cambiada, solo trae dolor y amargura. Por ello, en este mismo instante, empieza a ser indulgente con tu yo del pasado y perdónate.

¿Cómo perdonarse a uno mismo?

1. Hiciste lo mejor que pudiste

Muchas veces analizamos nuestras decisiones pasadas desde el prisma de la persona que somos hoy en día. Con lo que hoy sabemos, nuestros pasados actos pueden parecernos descabellados y errados. Así nos flagelamos por no haber escogido mejor nuestras palabras y comportamientos, y nos culpamos sin cesar.

Sin embargo, olvidamos que en ese momento no contábamos con el mismo conocimiento que ahora. Seguramente nos faltaba madurez y experiencia, y actuamos lo mejor que pudimos en base a aquellas circunstancias. Hiciste lo mejor que pudiste en función del nivel de conciencia que tenías entonces. Lo que ocurrió, tuvo que ocurrir. No pudiste hacerlo de otra forma porque no sabías.

Por tanto, no es lógico castigarte sin tener en cuenta el contexto. Si hoy opinas diferente, agradece que pudiste realizar el aprendizaje y sé compasivo con tu yo del pasado. Él no lo sabía. Quizá en ese momento sus prioridades eran diferentes, sus miedos más acuciantes y sus recursos más limitados. Hizo lo mejor que pudo, y lo único que podía hacer.

2. El perdón es liberador

En ocasiones nos cuesta perdonar porque sentimos que hacerlo implica justificar un comportamiento erróneo. Nos aferramos al rencor pensando que este constituye una especie de penitencia hacia quien obró mal. Sin embargo, la única persona que sale herida es la que se niega a perdonar. Guardar rencor es como tomar veneno y esperar que el otro se muera.

Lo mismo ocurre cuando no nos perdonamos a nosotros mismos. Somos incapaces de hacerlo porque, tal vez, las consecuencias que generamos fueron dolorosas y desagradables. Sin embargo, no podemos volver atrás en el tiempo y cambiar lo sucedido. Seguir reprochándonos solo nos llena el alma de amargura y nos impide continuar nuestro camino. 

La culpa sin acción es el sentimiento más inútil que existe, no alivia ni al culpable ni al ofendido. En su lugar, es preferible actuar y resarcir el daño causado. Pedir perdón y hacer lo que esté en nuestra mano por compensar al damnificado. Cuando se trata de nosotros mismos, el funcionamiento es similar. Pídete perdón por lo negativo que trajiste a tu vida con tus decisiones erróneas y trata de compensarte.

Por ejemplo, si aún te culpas por haber permitido que alguien te faltase al respeto. Discúlpate contigo mismo por no haber sabido defenderte mejor, y ofrécete ahora todo el amor propio que no pudiste entregarte en aquel entonces. Libérate y sigue adelante.

3. Mientras estés aprendiendo, no estás fallando

Por último trata de modificar la imagen que tienes del error. Este no es el enemigo, no es un elemento negativo que hay que eliminar de nuestra vida. Errar no nos hace malas personas, no merecemos ser castigados de por vida.

El fallo forma parte del aprendizaje, nos enseña a conocernos y a mejorarnos. Seguramente, incluso el peor error de tu vida, te ha traído una valiosa lección que no tendrías si no lo hubieras cometido. Por ello, asegúrate siempre de extraer sabiduría de tus errores. Mientras estés aprendiendo, no estás fallando.

Perdonarse a uno mismo es permitirse avanzar

En definitiva deja de culparte por tu pasado. Date una nueva oportunidad. Eres merecedor de experimentar una vida plena y libre, tienes derecho a caerte y levantarte, a tomar decisiones equivocadas y aprender de ellas. Tus errores no te definen, lo hace la actitud que tomas ante ellos. Por eso compréndete, perdónate, aprende y sigue adelante sin ese pesado lastre. 

Fuente: La Mente Maravillosa

 

 

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Estadísticas Año 2020

El Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra el 10 de octubre, es una oportunidad para concienciar y movilizar a la población acerca de cuestiones relativas a la salud mental. En esta ocasión, la jornada se centrará en la prevención del suicidio.

Prevención y control

Los suicidios son prevenibles. Existen algunas medidas que se pueden adoptar entre la población, los grupos de población y las personas para prevenir el suicidio y los intentos de cometerlo. Esas medidas incluyen:

  • restricción del acceso a los medios de suicidio (por ejemplo, plaguicidas, armas de fuego y ciertos medicamentos);
  • información responsable por parte de los medios de comunicación;
  • las intervenciones escolares;
  • introducción de políticas orientadas a reducir el consumo nocivo de alcohol;
  • identificación temprana, tratamiento y atención de personas con problemas de salud mental y abuso de sustancias, dolores crónicos y trastorno emocional agudo;
  • capacitación de personal sanitario no especializado, en la evaluación y gestión de conductas suicidas;
  • seguimiento de la atención dispensada a personas que intentaron suicidarse y prestación de apoyo comunitario.

El suicidio es un problema complejo y, consiguientemente, las actividades de prevención exigen la coordinación y colaboración de múltiples sectores de la sociedad, incluidos los de salud, educación, trabajo, agricultura, comercio, justicia, derecho, defensa, política y medios de comunicación. Esas actividades deben ser amplias e integradas, dado que ningún enfoque individual por separado puede tener efecto en una cuestión tan compleja como el suicidio.

OMS/OPS

Trabajando Juntos para Prevenir el Suicidio

Cada 10 de septiembre desde el año 2003, la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), promueve el Día Mundial de Prevención del Suicidio.

El Día Mundial para la Prevención del Suicidio (WSPD) brinda la oportunidad a personas de todo el mundo de crear conciencia sobre el suicidio y la prevención del suicidio.

El tema del Día Mundial para la Prevención del Suicidio 2020 es "Trabajando juntos para prevenir el suicidio". Este año, nos encontramos en circunstancias inesperadas y muy desafiantes mientras afrontamo la pandemia global de COVID-19. El impacto de COVID-19 probablemente ha tenido un efecto en el bienestar mental de todos nosotros. Esto es normal y comprensible. Por eso, este año, más que nunca, durante el COVID-19, es crucial que trabajemos juntos para prevenir el suicidio.

¿Quién está en peligro?

Si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales (en particular los trastornos relacionados con la depresión y el consumo de alcohol) está bien documentado en los países de altos ingresos, muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como los problemas financieros, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicos.

Además, las experiencias relacionadas con conflictos, desastres, violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento están estrechamente ligadas a conductas suicidas. Las tasas de suicidio también son elevadas entre los grupos vulnerables objeto de discriminación, por ejemplo, los refugiados y migrantes; las comunidades indígenas; las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales, intersexuales; y los reclusos. Con diferencia, el principal factor de riesgo de suicidio es un intento previo de suicidio.

OMS/OPS

Mitos acerca del suicidio

1. Quienes hablan de suicidio no tienen la intención de cometerlo. 

FALSO. Quienes hablan de suicidio pueden estar pidiendo así ayuda o apoyo. Un número significativo de personas que contemplan el suicidio presentan ansiedad, depresión y desesperanza y pueden considerar que carecen de otra opción. Descargar imagen 

4. Quien haya sido suicida alguna vez, nunca dejará de serlo.


FALSO. El mayor riesgo de suicidio suele ser de corto plazo y específico según la situación. Aunque los pensamientos suicidas pueden regresar, no son permanentes, y quien haya tenido pensamientos e intentos suicidas puede llevar después una larga vida. Descargar imagen 

2. La mayoría de los suicidios suceden repentinamente, sin advertencia previa. 

FALSO. La mayoría de los suicidios han ido precedidos de signos de advertencia verbal o conductual. Desde luego, algunos suicidios se cometen si advertencia previa. Pero es importante conocer los signos de advertencia y tenerlos presente. Descargar imagen 

5. Solo las personas con trastornos mentales son suicidas.


FALSO. El comportamiento suicida indica una infelicidad profunda, pero no necesariamente un trastorno mental. Muchas personas que viven con trastornos mentales no son afectadas por el comportamiento suicida, y no todas las personas que se quitan la vida tienen un trastorno mental. Descargar imagen 

3. El suicida está decidido a morir.

FALSO.  Por el contrario, los suicidas suelen ser ambivalentes acerca de la vida o la muerte. Alguien puede actuar impulsivamente al beber plaguicidas, por ejemplo, y morir unos pocos días después, aunque hubiera preferido seguir viviendo. El acceso al apoyo emocional en el momento propicio puede prevenir el suicidio. Descargar imagen

6. Hablar del suicidio es una mala idea y puede interpretarse como estímulo.


FALSO. Dado el estigma generalizado alrededor del suicidio, la mayoría de las personas que contemplan el suicidio no saben con quién hablar. En lugar de fomentar el comportamiento suicida, hablar abiertamente puede dar a una persona otras opciones o tiempo para reflexionar sobre su decisión, previniendo así el suicidio. Descargar imagen 

Cómo obtener ayuda:

ECUADOR

La Esperanza, Quito: (593) 2 6000477 – 2923327

ARGENTINA

TELÉFONO: (54-11) 5275-1135 o 135 desde Buenos Aires y GBA
Hablemos de Todo
Correo electrónico: contacto@hablemosdetodo.gob.ar

ESTADOS UNIDOS

Línea Nacional de Prevención del Suicidio al 1-800-273-8255

CHILE

La Esperanza: 005642221200

Todo Mejora, ayuda por correo electrónico o chat

COLOMBIA

Teléfono de la esperanza:

Barranquilla:(00 57 5) 372 27 27

Bogotá: (57-1) 323 24 25

Medellín: (00 57 4) 284 66 00

San Juan de Pasto: 3016326701

ESPAÑA

La Esperanza: 717 003 717

COSTA RICA

Teléfono de la Esperanza
Correo electrónico: telefonodelaesperanzacr@gmail.com

 

PERÚ

Sentido (Centro Peruano de Suicidología y Prevención del Suicidio): 01 498 2711

la Esperanza:Lima: (00 51 1) 273 8026

PUERTO RICO

Línea PAS (Primera Ayuda Sicosocial): 1-800-981-0023

 

HONDURAS

La Esperanza
San Pedro Sula: (00 504) 2558 08 08

 

BRASIL

Centro de Valorização da Vida, CVV: 188
Chat: (ayuda por chat)
Correo electrónico: atendimento@cvv.org.br

URUGUAY

Último recurso: 0800-Vive (8483)

VENEZUELA

La Esperanza
Valencia: 0241-8433308
Nacional: 0-800-PSIQUE

MÉXICO

Instituto Hispanoamericano de Suicidologia, A.C: +5255 46313300,

Correo electrónico: info@suicidiologia.com.mx, Decide Vivir México, A.C.

BOLIVIA

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La Paz: 2248486

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